Fundación de la escuela

                   


Según los estudios sobre los documentos escritos por los fundadores y primeros asistentes a la escuela, la fundación de la escuela se remonta al s.XI. En ese momento, en la Península Ibérica, las instituciones religiosas utilizaban la más mínima sospecha para acusar a alguien de practicar la brujería y castigarlo. La persecución que sufría la comunidad mágica en aquella época era brutal, y les obligaba a vivir en la clandestinidad. 


El primero de los fundadores que se tiene constancia fué un joven mago de origen morisco, Dámaso Dahdal, estaba huyendo con sus padres (un muggle y una bruja), después de que otros niños lo vieran usando sus poderes, lo cual suponía una condena de muerte.

Varios manuscritos de la época, señalan el peregrinaje que siguió la familia Dahdal hacia el noroeste de la península.


Se cree que fue entonces cuando se encontraron, sola en medio del camino, a una joven maga que acababa de perder a sus padres, Ainara Axpe

La familia Axpe había sido, desde varias generaciones atrás, conocida por sus habilidades en pociones y brebajes curativos. Se dedicaban a curar a los enfermos de las aldeas vecinas a cambio de alimentos y otros suministros básicos. Su relación era cordial y de respeto mútuo hasta que, según cuenta la leyenda, un vecino al que intentaban curar, empeoró. A partir de entonces empezó a correr el rumor de que practicaban magia y fueron acusados por brujería.

En ese momento, la familia Axpe decidió abandonar la comarca, pero fueron interceptados por sus antiguos vecinos. 

Gracias a su magia, Ainara pudo ponerse a salvo, y fue encontrada por la familia Dahdal, quién la adoptó como a una hija más. Dámaso y Ainara se hicieron buenos amigos.  


La familia Dahdal enseñó a escribir a Ainara, le fabricaron una varita y le enseñaron, siempre a escondidas, los encantamientos más básicos. 


En los pergaminos encontrados junto a las pertenencias de Ainara, se encuentra el diario que inició para practicar su escritura, en el que se relata su primer encuentro con Berenguer Balaguer.


Su huída seguía hacia el este cuando, comprando en el mercado local, los dos amigos se fijaron en un chico que cargaba y descargaba cajas de los carros. Se le veía exhausto y con la ropa hecha jirones, y vieron cómo utilizaba magia (probablemente de forma inconsciente) para ayudarse a cargar las cajas. Rápidamente fueron hacia él. Tenía las manos llenas de heridas y se le veía mal nutrido, en muy mal estado de salud. Cuando se dio cuenta de la presencia de los dos amigos, se volteó. Berenguer Balaguer había perdido a sus padres en la epidemia de peste negra y se vio obligado a ganarse la vida como buenamente pudo. Dámaso y Ainara tramaron un plan: mientras uno le distrajo, el otro tomó parte de su mercancía. Así lograron apartarle del mercado y llevarle a un lugar oculto, dónde le mostraron su magia. Se ganaron su confianza y le propusieron acercarse a su campamento, dónde los Dahdal podrían curarle. Tras varias semanas acudiendo allí, llegó el momento de partir, y Berenguer decidió irse con ellos.


Unas semanas más tarde, dirigiéndose al oeste, el padre de Dámaso se puso enfermo de gripe. Aún los esfuerzos que hicieron para que se recuperara, acabó muriendo. Fué un duro golpe para la familia. Ainara se sintió muy culpable, pues las pociones curativas habían sido la especialidad de su familia por generaciones, pero ella no pudo hacer nada para salvar al señor Dahdal, quién la había ayudado tanto. 


Balaguer empezó a investigar las plantas mágicas, listando las más recurrentes de la zona actual de Cuenca. Buscaba ingredientes para las pociones que aprendía a hacer Ainara, y para fabricarse una varita al estilo de la de Dahdal. 


Iba por un camino apartado cuando se encontró con una chica empuñando una rama de castaño, logrando hacer frente con su magia a varios hombres delante que intentaban atraparla. 

Ella intentaba lanzar conjuros, pero parecía que no le salían. Los tres amigos rápidamente acudieron a su ayuda, y entre los cuatro intentaron enfrentarse al grupo de hombres. Pero no tenían suficientes conocimientos mágicos; fue la madre de Dámaso quien los venció finalmente. 

La chica, Celtia Caneiros, había quedado huérfana de padre por la guerra y había perdido a la madre en la epidemia de gripe. Cuando ya estaba sola, buscándose la vida en los bosques, un grupo  de aldeanos la habían descubierto haciendo magia, y la persiguieron hasta que ella les plantó cara. Tras el incidente, se unió a ellos.


En ese momento, Aisha Dahdal vió la necesidad de seguir instruyendolos para defenderse los unos a los otros cuando ella ya no estuviera. Se recompuso de su duelo e inició, sin saberlo, la historia de nuestra escuela. 


Con los meses y practicando incansablemente, los cuatro jóvenes mejoraron sus habilidades mágicas y también crearon un vínculo más fuerte entre ellos. Encontraron una iglesia abandonada en un bosque cerca del pueblo de Poyatos y se establecieron allí. Fue el primer sitio al que pudieron llamar  hogar en mucho tiempo.


Pocos años después, pasó lo inevitable. 

Alguien los había visto practicando magia y, aprovechando que los jóvenes no estaban, un grupo de gente incendió la cabaña dónde dormía Aisha. 

Cuando los cuatro jóvenes volvieron y se dieron cuenta de lo ocurrido, Dámaso estaba decidido a reducir el pueblo a cenizas pero, Ainara, Berenguer y Celtia, lo pararon. No merecía la pena, los muggles eran presa de su propia ignorancia, no ganaban nada vengándose. Dámaso, cegado por la rabia y la tristeza, se alejó corriendo de sus amigos, que imaginaban a dónde habría ido.


En la antigua iglesia, en medio del bosque, en la parte más alta, acurrucado en un rincón, estaba Dámaso llorando. 

Ainara, acercándose dijo: “Es lógico que los muggles nos tengan miedo; se teme lo que no se entiende. Nos han hecho cosas terribles, pero con el odio no se llega a ninguna parte.” Berenguer, abrazándolo dijo: “Trabajaremos juntos para continuar su legado y que no vuelva a pasar algo así.”

Y Celtia, tomándole la mano, le dijo: “No estás solo, ahora nos tenemos los unos a los otros”. 

Dámaso secó sus lágrimas y levantó la mirada hacia sus hermanos.

Los cuatro jóvenes magos se abrazaron y, sacando sus varitas, conjuraron el último encantamiento que les había enseñado Aisha al unísono: 

“¡Expecto patronum!”

De la varita de Dámaso Dahdal salió una liebre plateada que corría por la habitación. De la de Ainara Axpe salió un quebrantahuesos, que se fue volando por la ventana y dio una vuelta a la antigua iglesia de Poyatos. De la varita de Berenguer Balaguer salió una cabra, que se dedicó a perseguir a la liebre dando saltos. Y, finalmente, de la varita de Celtia Caneiros salió un lobo, que adoptó una postura protectora alrededor de los cuatro amigos.


Fue ahí arriba de ese edificio, dónde los cuatro decidieron que nadie debería sentirse jamás solo o indefenso, y acordaron convertir ese lugar en una escuela de magia, donde ellos mismos enseñarian a los jóvenes magos y brujas Encantamientos, Pociones, Herbologia y magia defensiva: La Real Academia de Magia Poyatos.





Héctor                       Dimas



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